Hay bodas que parecen sacadas de un cuento… y luego está la de Gabriela y Elier, que fue exactamente eso, pero vivido con una naturalidad encantadora, rodeados de la cálida luz de enero.
El 20 de enero de 2024, con un sol brillante y una atmósfera casi primaveral, esta pareja celebró su gran día en La Quinta de Jarama, lugar mágico donde el río parece susurrar tranquilidad.
Gabriela deslumbró con un diseño de Inuñez hecho a medida, sofisticado y delicado. Con manga larga desmontable y una mezcla impecable de tweed de seda y crêpe, el vestido se adaptaba a cada momento del día. Como joya principal, lució unos pendientes de Bannatyne, que combinaban a la perfección con los cristales-joya que recorrían su cuello y hombros.
Sus zapatos Miu Miu y un velo etéreo completaban el look, mientras que Sonia Marina se encargó de crear un peinado elegante y un maquillaje en tonos tierra que resaltaba su belleza natural. Para el ramo y la decoración floral, confiaron en el gusto exquisito de Búcaro.
La ceremonia religiosa tuvo lugar en la emblemática iglesia de Santa Bárbara, donde Gabriela llegó del brazo de su padre y salió del brazo de su ya marido, luciendo con orgullo la preciosa cola de su vestido.
Elier, impecable, eligió un chaqué de Hackett, en tonos grises, con un aire clásico que combinaba perfectamente con el entorno. La madrina, vestida por Poydel, completaban el cuadro de una ceremonia cargada de emoción.
A la llegada a La Quinta de Jarama, el cóctel se celebró en los jardines, aprovechando la buena temperatura del mediodía. Estaciones de ostras, risotto, jamón ibérico, mojitos y champagne hacían las delicias de los invitados, que no dejaban de alabar cada detalle del evento.
La sesión de fotos continuó en los jardines y el zaguán de La Quinta de Jarama, mientras los invitados disfutaban del cocktail del espectacular día.
La cena se sirvió en el interior cálido y acogedor, decorado con mimo y con centros de mesa, altos y bajos, coloridos o en verdes, de Búcaro que dejaron a todos sin palabras. Las mesas redondas daban paso a una mesa imperial donde se sentaron los novios con sus familia más cercana, creando un ambiente íntimo incluso con más de cuatrocientos invitados.
La fiesta fue, sencillamente, inolvidable. Gabriela abrió el baile con su padre, y luego lo hizo con Elier, dando paso a una tarde noche llena de alegría y música increíble.
El montaje visual a cargo de M2AV fue espectacular, y el ambiente lo animó primero la Earnest Band y, después, el DJ de Hoy Se Lía.
Durante la noche, los invitados pudieron disfrutar de una recena variada y deliciosa, con sabores tradicionales, internacionales y nuestro clásico favorito: chocolate con churros.
De inmortalizar todos los instantes mágicos se encargó el equipo de Plataforma, que con su sensibilidad y profesionalidad supo capturar cada gesto, cada mirada, cada emoción.
La boda de Gabriela y Elier fue una de esas celebraciones que se quedan grabadas no solo en álbumes, sino en la memoria y el corazón de todos los que la vivieron. Un homenaje al amor bien celebrado, en el mejor lugar posible.
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